¿Liderazgo jerárquico o liderazgo redárquico? La diferencia clave

Escrito por: Equipo eClass

 

El liderazgo jerárquico concentra la toma de decisiones en una persona con autoridad formal; el liderazgo redárquico la distribuye entre todo el equipo, sobre la base de confianza, autonomía y colaboración. Ninguno es superior en abstracto: el que conviene depende del contexto y la madurez del equipo.

¿Qué es el liderazgo jerárquico?

Es el modelo en el que una persona concentra el protagonismo, el poder formal y la toma de decisiones importantes. Nació como respuesta a dos problemas concretos de la Era Industrial (1760-1900): eficiencia y escalabilidad. La producción en masa necesitaba operarios que cumplieran fielmente las órdenes de sus superiores, y una cadena de mando clara. El modelo fue formalizado teóricamente a comienzos del siglo XX (1911-1922), dando origen a los principios de administración y control jerárquico que todavía reconocemos en muchas organizaciones.

El problema no es el modelo en sí, sino sus límites cuando el contexto cambia: las decisiones importantes deben pasar por una sola persona, lo que genera retrasos y limita la innovación, y el equipo termina dependiendo en exceso de que esa persona esté disponible y acierte.

¿Qué es el liderazgo redárquico?

Es un enfoque basado en la colaboración, la interdependencia y la flexibilidad, que promueve la toma de decisiones distribuida y la autonomía de los equipos. Las relaciones se construyen sobre confianza y transparencia, y se fomenta la participación activa de todos los miembros.

El consultor español José Cabrera, autor de “Redarquía: más allá de la jerarquía”, describe la redarquía como un orden emergente, de abajo hacia arriba, que surge de las relaciones de colaboración, y que busca convertir esa colaboración masiva en el motor de la productividad de una organización.

En la práctica, un equipo redárquico suele mostrar estas características: colaboración (se crea valor en red, sobre la base de confianza), autogestión (autonomía para decidir y gestionar el aporte propio), transparencia (todos conocen el aporte de cada miembro), participación (liderazgo e innovación son tarea de todos) e interdependencia (todos los puntos de la red están conectados entre sí).

¿Por qué el liderazgo redárquico gana terreno hoy?

Porque el entorno en el que operan hoy la mayoría de las organizaciones se describe como un mundo VUCA: volátil, incierto, complejo y ambiguo. El término lo acuñó la Escuela del Ejército de EE.UU. en los años 90 para describir el mundo tras el fin de la Guerra Fría, y volvió a cobrar fuerza tras el 11 de septiembre de 2001 y la crisis financiera de 2008-2009.

En ese tipo de entorno, la investigación en gestión organizacional (Cameron, Whetten y Kim) apunta en una misma dirección: las organizaciones de mejor desempeño, en contextos de alta incertidumbre, son las que despliegan una fuerza de trabajo más flexible y autónoma, con decisiones menos centralizadas.

¿Cuál conviene usar?

Ninguno es «el correcto» en abstracto, porque el liderazgo jerárquico sigue siendo útil en procesos altamente estandarizados; el redárquico se vuelve indispensable cuando se necesita agilidad e innovación constante.

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Lo que exige el contexto actual es que quien lidera maneje ambos registros y sepa reconocer cuándo el problema necesita más estructura y cuándo necesita más autonomía. Ese mismo principio de autonomía y decisiones menos centralizadas es el que impulsa hoy al liderazgo ágil, aunque enfocado en metodologías de trabajo más que en el modelo de relaciones de una organización.

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