
La seguridad del paciente consiste en identificar los puntos en los que un proceso clínico podría fallar antes de que ese fallo llegue a causar daño. En lugar de esperar a que ocurra un evento adverso o centinela para corregirlo, el objetivo es anticiparse mediante acciones preventivas.
Para lograrlo, es necesario implementar un sistema de gestión de riesgos dentro de una cultura de seguridad.
Antes de profundizar en esta idea, es importante comprender tres conceptos fundamentales:
Concepto | Definición | En la práctica |
Riesgo clínico | Probabilidad de que un paciente sufra un evento adverso o centinela como consecuencia directa o indirecta de la atención sanitaria o de una omisión en sus cuidados. | Permite identificar situaciones, procesos o decisiones que podrían causar daño al paciente. |
Gestión del riesgo clínico | Conjunto de acciones orientadas a reducir al máximo la ocurrencia de eventos adversos o centinela, dentro de costos sostenibles. Es un proceso continuo que debe involucrar a toda la organización, estar incorporado en la política institucional y reflejarse en los programas locales. | Busca prevenir, detectar, analizar y controlar los riesgos presentes en la atención de salud. |
Seguridad del paciente | Reducción del riesgo de daño innecesario asociado a la atención sanitaria hasta un nivel mínimo aceptable. | Su propósito es entregar una atención más segura, prevenir daños evitables y fortalecer la calidad asistencial. |
Fuentes: NHI, Jiménez y cols. (2018); Martín López (2001); Organización Mundial de la Salud. | ||
Para instaurar una cultura de seguridad es indispensable que las Autoridades de la organización se involucren y prioricen la seguridad, se asignen recursos y capacitación constante, como también estén al tanto del estado de situación, la problemática los aciertos y desaciertos en su desarrollo.
La comunicación es relevante: disponer de canales bilaterales, contar con estructuras de comunicación estandarizadas como: SBAR (situación, antecedentes, evaluación y recomendación) y en comunicaciones verbales el RRVV (registra, repite, verifica y valida) se tornan absolutamente necesarias y útiles cuando se reconoce que el eje común a los eventos tiene un componente tan potente como la calidad de las comunicaciones en la organización.
Lo anterior, debe ir acompañado de una cultura justa, es decir un entorno laboral que fomente la transparencia y el aprendizaje continuo, en vez de validar la culpa, se sugiere una mirada sistémica en lugar de ser puntuales con el error humano. Esto lleva a proteger a los colaboradores que reportan eventos, permitiendo luego un análisis de los hechos para determinar cuáles son los momentos del proceso asistencial que deben fortalecerse.
En concordancia con los estándares internacionales de Joint Commission International, la OMS diferencia tres tipos de conductas para evitar tanto la culpabilización injusta como la impunidad:
A partir de esta distinción, toda organización de salud debe demostrar de manera permanente tres condiciones fundamentales:
La formación debe combinar materias definidas y estandarizadas con los aprendizajes derivados de la historia, experiencia y casuística propia de la institución.
En Chile, este sistema está normado desde 2012 y se desprende de la ley que regula los derechos y deberes de las personas en relación con acciones vinculadas a su atención de salud.
Sin embargo, su funcionamiento puede verse limitado en aquellas instituciones que castigan o desacreditan a los funcionarios vinculados a un evento. Esto genera subnotificación y disminuye la posibilidad de identificar oportunidades de mejora que afectan la calidad y la seguridad asistencial.
Una cultura justa no significa que todas las conductas deban tratarse de la misma manera. Los errores involuntarios requieren análisis y aprendizaje, mientras que las acciones deliberadas que ignoran un riesgo inminente deben abordarse con criterios claros de responsabilidad.

El Sistema Nacional de Acreditación de Prestadores Institucionales de Salud comenzó a implementarse en Chile en 2009, tras la identificación de los principales eventos adversos y centinela ocurridos en las organizaciones sanitarias.
El cumplimiento de sus características constituye una señal de que la organización ha comenzado a gestionar el riesgo y los daños evitables. Sin embargo, aunque se trata de una herramienta muy relevante, siempre fue concebida como un conjunto de estándares mínimos.
Por esta razón, existen otros riesgos que cada institución debe identificar y administrar de acuerdo con su realidad.
Cada prestador debe revisar sus procesos, subprocesos asistenciales y áreas más vulnerables. A partir de una mirada multidisciplinaria, puede iniciar la construcción de un mapa de riesgos institucional que facilite una visión conjunta de aquello que necesita corregirse o fortalecerse.
Los antecedentes de eventos ocurridos permiten orientar este trabajo. No obstante, durante el análisis también pueden detectarse situaciones que no han sucedido históricamente, pero que podrían presentarse si coinciden determinados factores del entorno y del paciente.
Por lo tanto, una organización puede trabajar tanto con los datos disponibles sobre eventos notificados y analizados como con escenarios que aún no han ocurrido, pero que podrían llegar a producirse.
Para este segundo caso existe el Análisis Modal de Fallo y Efectos, una metodología proactiva que permite anticipar posibles fallas y mejorar la seguridad asistencial antes de que ocurra un daño.
Las cifras permiten dimensionar el impacto de este problema:
La Organización Mundial de la Salud estima que uno de cada diez pacientes sufre algún tipo de daño durante la atención sanitaria y que más de la mitad de estos casos podría prevenirse (OMS, 2023).El Servicio Nacional de Salud de Inglaterra, que cuenta con un sistema riguroso de notificación de eventos, informó que durante el primer trimestre de 2026 se recopilaron 829.300 eventos de seguridad. De ellos, el 97 % fue categorizado como incidente, lo que refleja la existencia de un hábito de notificación que permite detectar situaciones de riesgo antes de que aumenten.
Durante el mismo periodo se reportaron 4.126 muertes. Esto no significa necesariamente que el error médico haya sido la causa directa, pero cada caso requirió un análisis exhaustivo para determinarlo.La OCDE estima que hasta el 13 % del gasto sanitario de sus países miembros se destina al tratamiento de pacientes que han sufrido daños durante la atención. Gran parte de estos casos podría prevenirse mediante acciones coordinadas e inversiones adecuadas para desarrollar sistemas sanitarios más seguros (OCDE, 2026).En España, el relanzamiento del estudio ENEAS II se encuentra actualmente en desarrollo. Su antecedente, ENEAS I, reportó que el 8,4 % de las personas hospitalizadas sufrió algún incidente de seguridad y que cerca del 43 % de estos casos podría haberse evitado (ENEAS, 2005).En Chile, el Estudio Nacional de Incidencia de Eventos Adversos en Hospitales Públicos determinó que el 6,7 % de los egresos presentó eventos adversos, de los cuales el 85 % fue considerado evitable (Álvarez, 2009).Asimismo, la prevalencia de eventos adversos asociados a medicamentos en pacientes hospitalizados se aproxima al 3 % (Wolff, Yarza y Julio, 2023).En 2024 se publicó en Chile el Informe de resultado de la encuesta sobre el sistema de vigilancia de eventos adversos y centinela. El documento destacó que, de 174 centros de salud, solo uno informó no realizar vigilancia de eventos. Además, un 36 % combinaba la vigilancia pasiva con la activa, mientras que en el resto predominaba esta última.
Prevenir reduce el sufrimiento de los pacientes, evita hospitalizaciones y tratamientos adicionales y permite aprovechar mejor los recursos disponibles, que suelen ser limitados.
Estos recursos también pueden verse afectados por la necesidad de reparar el daño físico o moral causado, además de los costos asociados a demandas y procesos judiciales.
Por eso, una de las mejores formas de fortalecer los sistemas de salud es aprender de lo ocurrido y desarrollar una mirada crítica, preventiva y anticipatoria respecto de aquello que podría afectar a los usuarios.
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